En el auditorio del Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, el próximo 28 y 29 de octubre

María Jerez y Edurne Rubio presentan en Condeduque, A nublo 40º25´37.6¨N3º42´42.1¨W

A nublo 40º25´37.6¨N3º42´42.1¨W
A nublo 40º25´37.6¨N3º42´42.1¨W

El Centro de Cultura Contemporánea Condeduque, perteneciente al Área de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Madrid, ofrecerá los próximos 28 y 29 de octubre la pieza A nublo 40º25´37.6¨N3º42´42.1¨W, primera realizada en régimen de co-autoría por Edurne Rubio y María Jerez.

“Generaremos un paisaje de manera tridimensional y envolvente. Situaremos al espectador en el ojo del huracán, en el centro del teatro, en la caja escénica: el valle. Comenzarán a observar el hermoso paisaje desde un punto de vista cómodo y seguro, pero, poco a poco, el clima cambiará” aseguran las creadoras Edurne Rubio y María Jerez.

 

Edurne Rubio y María Jerez

Las artistas observan el espacio teatral como ecosistema para, aprovechando su propia topografía, tecnología y materialidad, acercarse a la extrañeza de la naturaleza, a sus dramaturgias y a sus fenómenos. Edurne ya nos transportó al interior de Ojo Guareña, la cueva que su padre exploró en tiempos de dictadura franquista, en la pieza Light years away. El teatro era la cueva, dos abismos de oscuridad y libertad. María Jerez ya nos introdujo en un cosmos artificial en constante movimiento en su pieza Yabba, que proponía una mirada atenta a la busca de una transformación constante pese a la incapacidad de nombrar lo que se estaba mirando. Estas dos piezas son los antecedentes inmediatos de A nublo, que toma su nombre de la tradición popular asentada hasta mediados del siglo XX, en la que los lugareños de las zonas rurales de España se enfrentaban a las tormentas, hablando directamente al cielo nublado para mantener la tormenta lejos de los pueblos, tratando de ahuyentar los rayos y pedirle al granizo que se convirtiera en agua.

 

A nublo

La superposición de dos espacios es el eje de esta pieza, la primera realizada en régimen de co-autoría por Edurne Rubio y María Jerez, dos artistas que ya habían colaborado en alguna ocasión anterior, pero nunca hasta el extremo de concebir un trabajo juntas.

Esta superposición pone a trabajar el espacio del teatro, cerrado y construido por y para el ser humano, y un valle, un espacio transformado y moldeado por las condiciones geológicas y atmosféricas y completamente abierto, un espacio exterior. La arquitectura humana frente al sublime kantiano de una Naturaleza siempre amenazante. O siempre cambiante, sin más.

“Nos interesa entrelazar el uno al otro, permitir puntos de encuentro entre los dos mundos y así construir un tercer lugar transitorio, anacrónico por ser al mismo tiempo ancestral y futurista, una pieza de ciencia (ficción) especulativa”, remarcan las creadoras